El 12 de noviembre del 2.008 en el Colegio de Arquitectos se presentó la monografía “Octavio Mestre, espacios para vivir y trabajar”, editada por el Instituto Monsa, que recoge una cuarentena de obras construidas durante los primeros veinte años de ejercicio profesional del estudio. El acto fue presidido por Roger Pallarols, en representación del alcalde de Barcelona y Lluis Camerón, Vicedecano del Colegio de Arquitectos de Catalunya y contó con la intervención de Ricardo Guasch, Jose Juan Barba, Félix Arranz, Manuel Gausa y Jose Miguel Roldán, todos ellos arquitectos y amigos. Las ponencias de los diversos participantes se recogieron en un libro que editó la Cooperativa del Colegio dentro de su colección “Converses al voltant del llibre”.

Monografia_portada

Monsa

Prólogo

Saber que nuestra única misión es dejar las cosas un poco mejor que como las recibimos, recordando que algunos indios americanos sostienen que la tierra no la recibimos en herencia de nuestros padres, sino prestada por nuestros nietos y es a ellos a quienes deberemos de dar cuentas. -Y todavía hay quien los considera, despectivamente, pueblos primitivos-….
Saber que lo que está de moda pasará de moda y que, en arquitectura, hay un tiempo que le es propio, la durée, de la que hablan los franceses, en un ciclo temporal que, a todas luces, nos sobrepasa y del que apenas somos un pequeño eslabón…
Saber que das clases para “ayudar a ser” a otros que empiezan, para devolver en otros lo que un día recibimos, consciente de que no sólo “enseñando aprendemos”, sino de que sólo cotejando las propias ideas con las de los demás, éstas crecerán sanas (nada peor que mirarse el ombligo). Y sabiendo, por último que, aunque lo importante no pueda enseñarse (la enseñanza es siempre insuficiente, excepto en aquellos casos que es totalmente innecesaria), siempre puede aprenderse todo y de todos…
Saber sentarse a la mesa de los poderosos y de los indigentes, con los alumnos y con los obreros que levantan los edificios que proyectamos y tratarlos de igual modo, como los hombres que son, como al triunfo y a la derrota, que dijera Kipling en aquel poema, que un día me ayudara a ser hombre…
Saber que nuestro trabajo y sus resultados están más allá de las contingencias, del dinero del cliente (a veces disponer de más medios solo hace que el mal pueda sea mayor) y de las imposiciones de las normativas. Y que no nos pertenece… No sólo a nosotros que lo hacemos, ni siquiera a quienes nos lo encargan y pagan por él, sino que nuestro trabajo acaba por ser de todos y que, de estar bien o mal, lo estará por otras razones, no por tener más medios, ni más libertad… porque lo que, a priori, ayuda, a veces es una rémora, lo cual no deja de ser un misterio. La rosa es sin porqué…
Saber que, a veces, los proyectos que nos cuestan más esfuerzo son los que nos permiten hacer nuestras mejores obras. Como el músculo que, “si no duele, no trabaja”, así nuestro trabajo diario debe de estar en esa línea. Como el esquiador, que se desliza por una pendiente, y está siempre cayéndose para poder avanzar, consciente de que si se para y se yergue es cuando, de verdad, se cae. Saber que nuestra carrera es de fondo…
Saber que a nadie le importa lo que piensas o lo que sientas, sino sólo la obra final, esa que está por encima de todo. Saber que hay que educar el estómago (y no tanto la cabeza o el corazón). Porque con la cabeza se pueden defender los planteamientos más disparatados y porque, de corazón, cuánta gente no se enamora sino de quien no debe. Pero ¡qué pocas veces el estómago no se nos revuelve ante la mierda! Claro qué “Peca tres veces y pensaras que es lícito”, como reza el proverbio judío… Saber que no podemos renunciar a nuestra conciencia, porque en ella radica todo.“Un hombre se ahoga en el mar, pero el hombre es más grande que el mar. Porque el hombre sabe que se muere y el mar no sabe que lo mata” (Pascal).
Saber que hoy, en la era de la informática y de la comunicación global, mucha de la verdadera sabiduría se pierde tras la cultura (que palabra tan engolada, pronunciada por maíz de uno al que se le llena la boca), así como cuánta cultura se diluye, tras ese exceso de información al que nos someten los medios… Porque de lo que se trata es de ser sabios y no de estar informados (y porque lo de “ponerse viejos” llega sólo, con los años)…
Saber que, a pesar de que el hábito hace al monje (contra lo que reza el dicho popular), no hace falta vestirse de arquitecto, para ser arquitectos. Que basta sentir esa emoción primera y construirla, que todo es más sencillo de lo que parece y, sino, malo. Y ser consciente de que, precisamente por eso, todo puede hacerse en abarcas. Estas abarcas que aparecen en la foto resumen la esencia del mediterráneo y, quizás, de nuestro trabajo en el estudio. Son las que siempre llevo en verano, hecho que es motivo de envidia de más de alguno de mis trajeados clientes, en los calurosos días de nuestros veranos. Con el deseo de que todos los días sean de sol…

Monografia_prologo

Texto y fotografía OM
Habitar, construir, pensar… (Texto de presentación del libro “Octavio Mestre: Espacios para vivir y trabajar”)

Dicen de los novelistas que siempre están escribiendo una única novela, cono de los arquitectos que siempre hacemos una única obra. Y, quizás, sea verdad. Por más que construir la vivienda de alguien corresponda al reino de lo privado y de lo más íntimo de cada uno de nosotros, no saben los clientes cómo su programa se asemeja al de los demás. No será sino nuestro trabajo, como arquitectos, el que haga remarcar los pequeños hechos diferenciales para, al explotarlos, poder ofrecer soluciones diferentes. Nadie entendería que un escritor iniciase su nueva novela, “en un lugar de X, de cuyo nombre no quiero acordarme”, sea x, Comala, Macondo, Yotnapatawaa, Santamaría, Región, como lo fuera, antes, un lugar perdido de la Mancha… Como el yanqui aquel adinerado no entendía cómo el artesano mejicano le quería cobrar mucho más caro por diez sillas idénticas, por aquello de que “quien le pagaba a él, el aburrimiento de hacer todas las sillas iguales”. Eso me contaron en el DF y eso pensamos cuando nos encargaron las 15 casas de Arenys (que acabaron, cómo no, por ser todas diferentes, según los accesos que imponía el terreno y los programas que nos debimos de inventar). Porque, si bien el programa no da la arquitectura, es cierto que ayuda, como punto de partida. Pero seguro que hay similitudes entre todas nuestras casas, como las hay entre los miembros de una misma familia. Porque todas ellas son blancas (y me remito al texto del inicio del libro), porque hay una única mano detrás que las piensa…y porque las estrategias son siempre las mismas: enterrarse (como en San Feliu de Guixols) o marcar el lugar (como en Goyrans) o ambas cosas, a la vez, (como en Tamariu)… Meter todo el programa en un único cubo que funcione (très difficile, satisfaction à l´esprit, que diría Le Corbusier) como en San Feliu de Codines, bajo una única pendiente, o romper esa pendiente y hacer una casa en cascada (como sucederá en la vivienda de Valldoreix).
Todas ellas son casas patio (sin patio) y, como la Casa Ugalde, necesitan de ese espacio trasero para respirar y funcionar. También el Crown Hall del IIT de Mies tiene una planta tan limpia…hasta que descubres lo abigarrado de la planta de instalaciones que hay escondida en el zócalo. Todas nuestras viviendas cumplen, a rajatabla, ese principio de circulaciones que prima el acceder desde el vestíbulo a la zona de día, a la de noche y a la de servicio (por más que algunos digan que ya no tiene sentido llamarlas así) y reconectarlas entre si, evitado cruces, cuyo paradigma sería la casa Catasús del propio Coderch y que, de alguna manera se ven reflejados, en todas nuestras casas, desde la de Cubelles (la más diagramático de todas), a la construida en el Maresme. En algunas los dormitorios están abajo (Valldoreix o Tamariu) mientras, con más frecuencia suelen disponerse en las plantas superiores. Por otra parte, las casas reconocen el terreno sobre el que se asientan. En Andratx el muro de contención de piedra del antiguo margen se incorpora a la vivienda de invitados, como en Goyrans, los muros construyen, literalmente, las cotas de nivel. Aunque todo eso siempre es una gran mentira porque, en cuando entran las excavadoras, el terreno deja de ser como era. Como el animal o pueblo indígena que, observado, cambia de conducta cuando se siente analizado por el observador. O como el fotón modifica la trayectoria del electrón que queremos ver y de ahí la teoría de los orbitales, entendidos como posibilidades más que como certeza, por más que aquel dijera que “Dios no jugaba a los dados”.
Todas las casas parecen muy cerradas en si mismas, diría que casi ensimismadas y, sin embargo, desde dentro, son extraordinariamente abiertas, potenciando siempre la vistas en diagonal, para favorecer siempre la máxima amplitud de los espacios. La casa en el Maresme se cierra sobre si misma, para no ver el entono más inmediato (las ventanas de los dormitorios se abren sobre una invaginación del propio muro, mientras otras, como Andratx o Pineda son un auténtico escaparate. Escaparate hacia el mar, porque detrás se cierran a las vistas a la calle y a la montaña (porque las cosas son abiertas o cerradas, grandes o pequeñas, siempre en relación a algo). La forma de la vivienda en Tamariu (rectangular) y de la de Pineda (triangular) responden a las respectivas formas de las parcelas y a la separación a lindes que impone la normativa, mientras la de Coma-Ruga es más libre, más formalista, porque no responde a una necesidad u obligación sino a un deseo auto impuesto (una banda de Moebius definirá toda la volumetría, sin levantar la mano del papel). Está bien respetar las propias reglas que uno se marca al trabajar.
Si la arquitectura “es el juego magnífico de los volúmenes bajo la luz” ¿Qué mejor que exponer a nuestro sol mediterráneo un muro blanco?…. Uno construye un muro y divide el mundo en dos, en un “dentro” y muchos “fueras”, en luz y en sombra. Y la sombra crea, automáticamente, una diferencia de temperatura que procurará, a su vez, una corriente de aire y unos sitios donde resguardarse (la casa entendida como refugio) según las épocas del año. Porque habitar no es sino apropiarse de un lugar, Domus viene de domesticar, de apprivoiser, que diría El Principito. Muros blancos y aberturas, de suelo a techo, cubiertas por celosías (o de formas extremas e intencionadas, para favorecer o negar una determinada vista) definirán la imagen formal de todas ellas. En el caso de la vivienda en el Maresme las celosías constituirán un auténtico juego de papiroflexia, variando totalmente la imagen de la casa, aleatoriedad random, según si las lamas estén abiertas o no.
En muchas de las casas hemos realizado el interiorismo, incluso diseñando el mobiliario especifico, mientras que en otras (a menudo por razones presupuestarias) no ha sido posible. Y así, para compensar, hemos hecho una veintena de pisos en los que, con la arquitectura de otros, hemos tenido que jugar para adaptar la preexistencia a las necesidades de sus nuevos ocupantes. Presentamos aquí cuatro de los que no han sido publicados. Las viviendas en las calles Aribau y Calatrava buscan la luz en torno a una escalera de cristal, en un caso, y de un ascensor transparente, en otro, que recorren el espacio en vertical cosiendo las diversas plantas. La reforma de un antiguo taller de costura en Santa Perpetua, cambiando las pendientes de la cubierta para generar el dormitorio sobre el doble espacio, no busca, tampoco, otra cosa. El primero de los ejemplos sale a colación porque es mi casa, una vivienda en el Ensanche barcelonés del XIX, publicada en su día, pero que dejó de interesar a los medios cuando empezaron a llegar objetos de las más diversas culturas, fruto de la infinidad de viajes a los que uno se ha abonado, como modo de vida. No se lleva lo étnico, me dijeron y desde aquí quisiera denunciar la tiranía de las revistas del sector que sólo publican, una y otra vez, una imagen clónica de sí misma.
El mismo principio de potenciar las vistas en diagonal dentro de las viviendas es la esencia de ese primer proyecto de vivienda colectiva realizado en Toulouse, que volví a visitar, 18 años después, con motivo de esta publicación, para comprobar cómo había mantenido su frescura en el tiempo. Esas volumetrías han estado presentes en los proyectos de los complejos de viviendas en Terrassa, San Carles de la Ràpita, el concurso para los 150.000 m2 de “Lyon Confluence” -en el que quedamos finalistas-, en los prototipos de las casas prefabricadas con las que colaboramos en la reconstrucción de Kigali, tras la guerra fratricida que desangró al país, en el “Europan” perdido de Croacia que después reinterpretamos en el proyecto, también fallido, de “Roques Dauradas” en l´ Atmella de Mar (vivir es asumir las continuas derrotas) y, cómo no, en el proyecto en curso de 11.500 viviendas en Brasil, proyectos todos ellos que, por razones de espacio, no pueden mostrarse en esta monografía, pero que pueden consultarse en nuestra página web.
El resto de proyectos de vivienda colectiva, construidos en el contexto urbano de Barcelona o ciudades adyacentes, son, en si mismos, un catálogo de cómo interpretar las normativas y dialogar con las preexistencias, en un ejercicio siempre posibilista que yo definiría como “lo real posible”. En ladrillo manual, en revoco en tonos crudos, en tablero fenólico, en ladrillo blanco aplantillado, en plancha de alucobond negro (como el conjunto de Sabadell que acabaremos en verano) o en listoncillos de madera, no importa el material, pero sí la integración en el contexto. Los edificios buscan, así, volcarse sobre si mismos, sobre los patios o jardines creados al efecto, negando una ciudad, cada vez más hostil. La actitud mostrada en los apartamentos de Riera de Sant Miquel no es otra que la de Coderch mostrara en la vivienda de Tàpies en la calle Zaragoza Y ¿qué más neutro que esa celosía en madera que, por no dejar ver, ni deja ver las ventanas? Cuando no hay contexto que valga, como es el caso de la calle Segur, el proyecto busca, claramente, distanciarse del entorno hasta parecer un ovni, desubicado. En muchos casos, las viviendas crecen para arriba o para abajo, incluso bajando el nivel interior de manzana, para, cumplimentando los programas de habitabilidad en las condiciones fijadas por la normativa, generar nuevas plantas que permitan un desarrollo más desahogado de las viviendas, más allá de los estrictos límites que imponen las ordenanzas. ¿Cuándo entenderán algunos que la ciudad no se construye sólo desde la Normativa, sino también y, sobre todo, desde la emoción?
Unas cuantas referencias y la misma pregunta de siempre mal formulada.

(Carta a los alumnos del Workshop impartida en Boiano, Italia 2007)
Sobre nuestro trabajo como arquitectos

Cada vez más, nuestro destino como arquitectos será trabajar en entornos consolidados. La condición urbana es el medio en el que nos desenvolvemos y por una vivienda unifamiliar que levantemos, haremos vivienda colectiva, oficinas, centros deportivos, centros comerciales o equipamientos de todo tipo, en plenos centros urbanos y en la mayoría de los casos, reutilizando antiguas edificaciones… Por reducir las cosas a su caricatura, haremos más edificios de una fachada, entre medianeras, que edificios a cuatro vientos….
Así pues, la pregunta, la duda de si “rehabilitar o innovar” anima, desde hace años, un sinfín de debates y cursos en los que estoy habituado a participar… ¿Tradición o creación? Me preguntaron, una vez, como si ambos términos fueran opuestos, entre los que uno estuviese obligado a escoger… ¿el día o la noche? ¿Rubias o morenas? Que decía el otro, hasta que el más listo respondió, un día, que dependía de la rubia… Y cuanta razón…. Porque la única regla es que no hay reglas (pero no lo vayáis explicando)

Sobre las preguntas mal formuladas

Rehabilitar es, por otra parte, una terminología engañosa. Porque el prefijo Re- parece sugerir recuperar, volver a un pasado, a un estado de las cosas que, a menudo, nunca existió previamente. En los años 80 rehabilitábamos viejos edificios de viviendas para convertirlos en oficinas de alquiler (estaba de moda, entendiendo por estar de moda, para el mundo de la promoción, que era más rentable) mientras ahora, rehabilitamos viejas fábricas o edificios comerciales en desuso para establecer en ellos lofts y viviendas de lujo, que rompan los moldes usuales, en pleno centro de la ciudad… Nada tiene que ver, ni en un caso ni en el otro, el resultado con la preexistencia de la que partíamos…
Compartimos, en todo caso, con Siza Vieira que, lo que es importante, como decía cuando el mundo entero se planteaba qué estilo utilizaría en la recuperación del Chiado lisboeta, quemado tras un virulento incendio en el verano del 89, que lo único que le importaba era dotar de usos mixtos a un barrio que, de haberlos tenido, nunca se hubiera quemado… El problema de las preguntas sin respuesta suele radicar más en la pregunta (a menudo mal formulada) que en la respuesta inexistente.

Sobre la condición italiana

Y eso sucede en todo el mundo… La “aldea global” que preconizara MacLuhan ya está aquí, con sus guerras en tiempo real y la omnipresencia de la sociedad de la información. Pero sucede, especialmente, en Italia donde la “presencia del pasado” (ese fue el título de unas de las primeras Bienales de Arquitectura de Venecia) es tan rica y fructífera, pero a veces tan castrante, que hace del país, un país casi cristalizado, donde no se produce nada, desde hace años. Así magníficos arquitectos se ven obligados a emigrar, a refugiarse en la docencia o a volcarse en el mundo del diseño y de la moda, como remedo, muchas veces (y me remito a la meditación que expresa el protagonista de la película “Hollywood Babylonia”, él, nieto de emigrantes italianos, haciendo atrezzo circense para películas de poca monta, cuando sus abuelos habían levantado las más hermosas catedrales que nunca el hombre haya hecho.
Cuando Benvenutto Cellini se presentaba a sí mismo como “el mayor de los orfebres del mundo”, y se metía, pendenciero como era, con Miguel Ángel Buonarrotti, éste le respondía., que si bien era cierto lo que decía, que “era maestro de lo pequeño, lo era porque nunca se había atrevido con lo grande”, con la escala de las cosas de verdad (uno si quiere ser realmente grande en baloncesto debe, forzosamente, triunfar en la NBA. Todo lo otro serán ligas de provincias)…

Sobre por qué no se hace arquitectura en casi ningún país del mundo

Aunque la arquitectura no se da en todos los países, que una cosa es la construcción y otra la arquitectura… Más bien diríamos, que se da en muy pocos, aunque por razones muy diversas… La crisis económica endémica en la que viven inmersos muchos países de Asia, África o América latina, sumada a los casos de corrupción política (no siempre una y otra coinciden) hace que en muchos países, la arquitectura vea recortada sus alas, excepto en honrosas excepciones.
Pero, a la inversa, en un país rico como es los Estados Unidos de América, los seguros para cubrirse de las posibles denuncias y juicios (me dijeron, cuando daba clase en Rhode Island que en Estados Unidos para hacerte rico bastaba con tener algo que vender o alguien a quien denunciar) hace que los arquitectos jóvenes no puedan arrancar una trayectoria profesional, que ya vendrá condicionada por ese hecho. Al margen de que el 90% de los edificios se hacen sin arquitecto. Allí y en muchas otras partes del mundo ¿Dónde podemos ser, entonces, arquitectos?

Sobre la dicotomía de forma y fondo

Sucede además que, en arquitectura, todos estamos de acuerdo en las ideas, pero muy difícilmente nos ponemos de acuerdo en su materialización. Por muy exclusivos (es palabra tan fea que todos utilizan, unos para comprar y otros para vender, pero siempre para diferenciarse del resto)… como digo, por muy exclusivos que se sientan tus clientes, no sabéis como se repiten en los programas que desean… Sólo con verlos, les podría hacer la “carta a los Reyes Magos”… Y sin embargo ¡qué diferentes serán, al final, las viviendas de cada uno de ellos!… Basta ver, también, cuan diferentes, incluso me atrevería a decir dispares, son las respuestas de los diversos arquitectos invitados a los tantos concursos internacionales que se convocan. Si las necesidades son las mismas, si los deseos íntimos coinciden ¿Por qué las respuestas son tan diferentes? Hablaríamos del programa, pero el programa no da la forma, como hemos visto. Hablaríamos del lugar, de la normativa, de la elección de materiales, de aquel arquitecto que está detrás y toma decisiones… El proceso de creación es siempre un misterio… Ahí radica la clave.
“Imagina un perro” les suelo decir a mis alumnos y, mientras uno imagina un chihuahua, otro imagina un pastor alemán. Ambos creen estar hablando del mismo perro y de ahí surge el primer malentendido. Esto sucede. En política, pero también en arquitectura. Dejar claro a qué nos referimos cuando hablamos de algo (“de qué hablamos cuando hablamos de amor”… decía Raymond Carver) suele evitar más de un malentendido… Porque sucede, cuando uno oye hablar a los alumnos, que muchas veces lo que dicen (lo que decís) no coincide con lo que uno ve en sus proyectos y acaban por confundir el quiero con el puedo y, finalmente, con el hago. Y hacen justo lo contrario de lo que enuncian que deseaban hacer. Y eso suele tener graves consecuencias. Sobre todo en lo referente a la coherencia del proceso, a la pérdida de conciencia, a confundir el norte.

Sobre el cambio de uso

Los templos griegos hace siglos que dejaron de servir a la función par la que fueron creados, pero hoy siguen emocionándonos con su belleza serena… Y uno se pegunta si lo importante era la función de dar culto a los dioses o marcar el territorio, o hacer reverberar la luz del sol al atardecer sobre sus muros, servir de faro a los navegantes o permitir a la comunidad reunirse en torno a él (no olvidéis que, como dice Bruno Zevi, “El templo griego es la morada impenetrable de los dioses”. O, quizás, simplemente, emocionarnos…
La catedral de Siracusa aún conserva hoy, tras su fachada barroca sobrepuesta, las columnas griegas del templo dórico que fue, el mihrab del periodo en que fue mezquita y la estructura de cuando fue iglesia normanda… Quizás porque, al fin y al cabo, sólo hay un único Dios. Quizás porque no hay piedra mejor que la que otros ya tallaron antes, por nosotros (y me remito con ello a cuanto enunciaba al empezar esta carta sobre la reutilización).

Cara a cara con el pasado… cara a cara con el futuro

Al pasado hay que tratarlo de tú a tú, con inmenso respeto, pero con valentía de afirmación. O la arquitectura es cultura y, como tal, fruto de un contexto y un tiempo o sino esta llamada al fracaso, a nacer ya muerta (que es lo que le pasó a esa inmensa broma que se llamó “post modern”, movimiento que se desarrolló entre finales de los 70 y los 80 y que fue más un triste “post mortem” que otra cosa).
En todo este embrollo, debemos de tener claro que nuestra única obligación es dejar el mundo un poco mejor de cómo lo encontramos. El árbol que hoy plantamos dará sombra a nuestros nietos. Y es importante que nos sintamos eslabones de una cadena, parte de una tradición que nos antecede y nos sobrevivirá. A veces os observo y veo que, lo que para mí son simples modas, para vosotros es la única forma de hacer arquitectura, la que os cuentan las revistas de hoy. Pensáis que siempre se ha hecho así y eso es por falta de perspectiva y de conocimiento.
Pero deberéis de tener en cuenta también que el patrimonio no es solo la preexistencia romana o lo griego, ni el barroco del siglo XVIII, que aquí llamáis “Settecento”. Patrimonio -y muy generoso, por cierto- lo ha producido el siglo XX y patrimonio será nuestro trabajo si pasada la criba, el cedazo del tiempo, somos capaces de legarlo a nuestros herederos. Nosotros estamos construyendo el patrimonio de nuestros nietos. No lo olvidéis nunca.

El precio de las cosas

A cierta edad, uno sabe que todo tiene un precio (de joven no lo sabes). No sabes ni siquiera que lo estás pagando. La vida sale al encuentro… pero siempre hay alguien que paga. Crees que el tiempo es infinito y hoy, a cierta edad, sabes que no. Que haces una cosa siempre a costa de otras muchas que no haces. Que al elegir estás desechando mucho más de lo que eliges. Y que, puestos a comprar, lo único importante, sería aquello que no puedes realmente comprar, es decir, el tiempo. Luego, por lo menos, estamos (y estáis) obligados a no perderlo, desde ahora. Al margen, como dice el refrán que sería de necios, confundir el valor con el precio.
Me sucedió en Menorca… hace años pedí en la panadería unas pastas que no me quisieron vender porque, sino, “dejaría sin ellas a otros clientes habituales”. Cuando le pregunté a la señora porque no hacían más en verano, me dijo que “con 50 al día, ella ya vivía…”. Y, sin embargo, yo se que tengo que trabajar, que no me queda tiempo… Y no porque no me quede, sino porque otros ya no lo tienen. “La vida es corta pero ancha, por eso hay que vivirla al través” (cuenta el arquitecto Gabriel Ruiz Cabrero, que le decía su padre y a mi me gustó tanto la imagen, de ese tan caudaloso río al que llamamos vida, que quiero, hoy, compartirla con vosotros).

Los clientes…

No hay arquitectura sin clientes. Pero, sobre todo, no hay arquitectura sin arquitectos. El cliente no es nuestro contrario, sino aquel que nos permite hacer nuestra obra. Pero es sobre todo un señor /a que viene a requerir nuestro servicio para que le resolvamos sus problemas. Utilizar la fuerza del “contrario”, en beneficio propio, es decir del proyecto, deberá de ser lema de nuestro trabajo. Sin un buen cliente no hay un buen proyecto, pero, sobre todo, sin un buen arquitecto es cuando no haya buen proyecto. De ahí la importancia que tiene el poder de seducción de nuestras propuestas. Nosotros podemos sufrir pero el proyecto no.
Por otro lado, no culpemos a los demás de nuestras propias incompetencias… La falta de dinero, el cliente que no nos deja, la reglamentación excesiva, nos atenazan, nos encorsetan… Pero un buen delantero sabrá escaparse de los defensas que le persiguen. Si no, es posible que no sea tan buen delantero…

Sobre la fuerza de las imágenes

Os doy una conferencia de dos horas en las que, por necesidades del guión (es decir del público asistente) debo emplear simultáneamente tres de los seis idiomas que hablo. Suerte que el lenguaje de las imágenes es universal. La conferencia versa sobre algunas de las intervenciones en el contexto histórico de ésta mi ciudad que es Barcelona.
Y os enseño como la reforma del centro comercial L´Illa construye una metáfora de qué es una isla (trabajando la luz, el agua, la vegetación lujuriosa y los reflejos) o cómo, en el Pedralbes Centre una luminaria de 100 m2 bañará todo de una suave luz cambiante, a juego con esa imagen más sofisticada que se pretende… O de cómo transformamos una vieja clínica en un faro de luz, sobreponiendo unas pieles de acero corten a la vieja fachada, o de cómo integramos diversos edificios de viviendas, en pleno centro de la ciudad ya con ladrillo, con estuco, con fachadas metálicas o pieles de listones de madera… O de los tantos edificios de oficinas en los que siempre hemos intentado convencer a los clientes que no importaban tanto los m2. de superficie resultante como los metros cúbicos de aire (ese es el auténtico lujo) y de cómo las cosas bonitas se venden mejor, como las chicas guapas se casan antes (si ellas quieren, claro, y no me tengáis por machista). O cómo hicimos que, en la reforma de la que hoy es la sede de la Mutua Madrileña, 110 trabajadores dispusiesen de luz natural en el sótano (casi lo que más nos importaba, porque un arquitecto debe sobre todo resolver los problemas que le encomienda aquellos para los que trabaja). Las cosas suelen ser bonitas, sobre todo cuando son verdad.
Os enseño una treintena de edificios, pero podría enseñaros otra treintena u otra más. Hemos construido más de un centenar, casi 120… lo que no dejan de ser una media de unos 5 al año (todo depende de cómo hagamos los números). Todos los proyectos pensados siempre desde la voluntad de resolver problemas, pero siempre también desde la voluntad de dar una respuesta formal diferente. No imagino a Cervantes iniciando sus novelas “en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme….” y que fuese cambiando el nombre de referencia, en función de la historia a contar. “Una vez es sólo una vez” dijo Kundera en “La insoportable levedad del ser”. Y suele suceder que es así. No podemos volver a repetir lo ya hecho (aunque algún cliente nos lo pida con insistencia).
Con el tiempo uno siente que su lenguaje se depura, que no tiene las urgencias de antes, que no siente la necesidad de contarlo todo en cada proyecto. Que sabe que lo que no cuente aquí tendrá ocasión de contarlo en otra parte. Y que si bien le quedan muchas cosas por hacer, sabe ya que hay otras muchas que ya nunca hará.

No miren lo que yo hago…

Me pedís las imágenes de la conferencia, una página Web donde acudir… Pero yo voy aquí a enunciaros los principios, a regalaros las referencias. Ya sé que una imagen vale más que mil palabras (sobre todo, para el que no sabe leer). Pero, en honor a nuestros huéspedes mejicanos, voy a citar las palabras de un maestro de su país: “No miren lo que yo hago, miren lo que yo vi” (dijo Barragán, en la entrega de la primera edición del Premio Pritzker que le fue concedido), como la única forma de hacer una obra propia, enraizada en la tradición, no una reinterpretación de la voz de otro. Y eso es lo que deberéis intentar, cada uno de vosotros.
Aunque también decía Bach que antes de componer su propia música se sentaba al teclado y tocaba, como para calentar los dedos, las obras de otros, hasta que ya en caliente se le ocurría su propia música que componer. Y si esto hacía el prolífico Bach….
El conflicto entre fe e incredulidad
El discurso de J.A Coderch, al ser nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Jorge, no tiene desperdicio… “Abre bien los ojos, mira, es mucho más sencillo de lo que imaginas”… Y así nos invita a buscar al hombre, no ya al arquitecto, que esta detrás… “Detrás de cada edificio que ves, hay un hombre al que no ves”. “No, no son genios lo que necesitamos ahora. Creo que los genios son acontecimientos, no metas o fines. (…) Necesitamos que los miles y miles de arquitectos que andan por el mundo piensen menos en Arquitectura (con mayúsculas), en dinero en las ciudades del año 2.000 (Coderch escribe esto en el año 61) y más en su oficio de arquitectos… siempre apoyándose en una base firme de dedicación, de buena voluntad y de honradez (honor)”.
Idénticos principios, idéntica actitud hallo en los textos de Eduardo Chillida, magnífico escultor vasco…Recomiendo, a tal efecto, leer cualquiera de sus libros. Y uno, que leyó estas cosas de joven, acabó por creérselas. Y le gustaría compartirlas con vosotros.
Por otra parte, Goethe afirmaba (lo cita Coderch en el mismo texto de referencia) que “Todas las épocas en las que domina la fe, no importa en la forma en que se presente son brillantes, levantan el corazón y dan frutos en el presente y en el futuro. Por el contrario, todas las épocas en las que la incredulidad de la manera que sea, afirma su triste victoria, incluso cuando sucede que brillan por un tiempo con un falso resplandor desparecen de la vista en la posteridad, Porque no hay nadie al que le guste molestarse en conocer lo que no ha dado fruto”

Perderse por caminos que no tocan

Le preguntaron a Álvaro Siza si no estaba enfadado con las autoridades de su país natal, por ser el arquitecto portugués con más prestigio internacional y al que, sin embargo, no le daban tantos encargos públicos como mereciera (Nemo profeta in patria) a lo que Siza contestó, lacónico: “No tengo tiempo de estar enfadado”. Cómo me gustó esa respuesta, ese no hacerse mala sangre, esa actitud… Cuando sabes el camino a seguir, no tienes tiempo para otras menudencias.

Siempre distinto

Tuve la suerte de tras trabajar en el despacho de Coderch, y trabajar después con Enric Miralles. Y Enric nos obligaba a hacer las cosas siempre de manera diferente, como un único principio vital “hacerlo siempre distinto”. Entre utilizar conjunciones disyuntivas o copulativas la opción es siempre copular. “Si sale con barba San Antón, sino, Purísima Concepción” que no es muy diferente de lo que solía decir Einstein… “si supiese donde voy no llamaría investigación a lo que hago”. En el proyecto y en la vida (que no dejan de ser viajes) no conoces el puerto de destino… Sólo pensando de manera diferente podrás hacer las cosas realmente distintas.

Sobre el método de trabajo de cada uno…

“Cuando no toco un día lo noto yo. Cuando no toco una semana lo nota el público”. Y si esto le pasaba a Rubinstein ¿qué no nos pasará a nosotros? Cuenta Eduardo Chillida en sus memorias que tenía tanta facilidad para dibujar que, para no enamorase de sus propios dibujos, se ataba la mano derecha a la espalda e intentaba dibujar las cosas con la mano izquierda… eso es rigor. No confundir el medio (el dibujo) con el fin (su escultura), con el arte en si. Y la capacidad de emoción… De la Sota, otro gran arquitecto español del siglo XX, decía algo similar cuando proponía dibujar el proyecto en la cabeza antes de pasarlo al papel, para no enamorarnos de nuestros propios trazos. Porque un pintor cuando quiere pintar, pinta… un músico cuando quiere componer compone… y un escritor cuando quiere escribir, escribe. Pero un arquitecto debe de recurrir a otras disciplinas, ajenas al propio proceso constructivo, para expresar sus ideas antes de poderlas llevar a cabo. Y en esa superposición de lenguajes hay ciertas cosas que chirrían…
Pepe Llinàs, arquitecto que admiro entre los que más, me contaba que “después de trabajar se quedaba siempre con la solución que le parecía mejor, no con aquella que representaba mejor su idea inicial”. Porque a nadie le importa nuestras cuitas personales, sino el resultado final que ofrecemos. Por eso, a veces, en las correcciones públicas de vuestros trabajos, cuando os oigo hablar de tantas intenciones que después no veo reflejadas en los dibujos, me preocupo.
Porque, digo yo, que las ideas son como las lianas de Tarzán o las muletas para el cojo, que sirven hasta que ya no sirven, y porque Tarzán salta de liana en liana, para ir avanzando. Quedarse en una misma idea, en una misma liana acaba por hacer que nos miremos el ombligo, con el resultado de la autocomplacencia y del más estúpido de los balanceos. ¿Verdad que lo visualizáis?
Las piedras son espejos…“El cariño que pone en las piedras, las piedras te lo devuelven…” No conozco otra ley.

Jugar sin balón

Os contaba, en la corrección del último día, como las cosas no son siempre lo que parecen. Como las cúpulas de las iglesias, del románico al barroco, se revisten ya de pan de oro, ya se pintan de azul cielo, porque la cúpula es una metáfora de la bóveda celeste y el cielo es azul o dorado, según las horas, cielo de donde nos viene la luz de la Palabra, a menudo simbolizada por la que se filtra por la linterna que así se llama el elemento que a veces remata la propia cúpula.
Y os contaba, también, cómo cuando Le Corbusier construye esos cuernos que rematan sus edificios de Chandigarh en el fondo (además de construir una metáfora de los cuernos de la vacas o de los instrumentos astronómicos del magnífico observatorio de Jaipur) está construyendo una cúpula invertida, en la que una vez dentro, nos deja solos, en contacto directo con el cielo, como sucede con la cubierta terraza de la Tourette o, de otra manera, con la fachada inclinada del centro de jóvenes de Firminy, que nos cubre, pero sin cubrirnos. Porque uno para decir una cosa puede callarla, o decir su inverso. Porque los contrarios se tocan. Y, a veces, es más inteligente darle la vuelta a las cosas y jugar sin balón.

El misterio

García Lorca, el poeta vilmente asesinado en la Guerra civil española, decía “Sé que soy poeta. No sé, si por la gracia del Dios o del diablo. Peo sé que soy poeta. Y no por escribir poesía, sino por saber reconocer donde hay un buen poema”. Y a mí que se me pone la piel de gallina. Porque quizás yo, quizás vosotros no lleguemos nunca a ser los arquitectos que queremos ser o quisimos un día, pero seremos, podremos ser arquitectos, en la medida en la que sepamos reconocer dónde está la buena arquitectura. Verde que te quiero verde, verde viento, verde mar…
Por otra parte, también, Albert Einstein dijo, en su búsqueda por la ecuación que uniese las fuerzas gravitatorias y electromagnéticas, y más allá del famoso “Dios no juega a los dados”, que “la cosa más hermosa que un hombre puede sentir es el lado misterioso de la vida. En él están la cuna del Arte y la ciencia verdadera”. Si, como dijera Auden, “la rosa es sin porque” quizás sabe más quien huele su fragancia que quien la deshoja para analizar sus pétalos al microscopio. Ese misterio -y esa fragancia- es lo que me gustaría hoy compartir, con todos vosotros y la que más ha movido a escribiros esta carta. Sin ánimo de dar lecciones a nadie.

Octavio Mestre / Boiano, agosto del 2007
Ocio y Negocio (Texto de presentación del libro “Octavio Mestre: Espacios para vivir y trabajar”)

Si habitar es una necesidad básica, no ya de todo hombre sino de todo ser vivo, procurarse el sustento también lo es. Los romanos hablaban del otium y del nec-otium, definiendo el trabajo como negación del ocio (donde el ocio era lo realmente importante). No en vano, ya en la Biblia, el trabajo es una maldición por haber probado del fruto prohibido. En todo caso, maldición o no, en este segundo capítulo agrupamos todos aquellos proyectos no residenciales: oficinas, locales comerciales, edificios de servicios, fábricas, restaurantes, clínicas y equipamientos diversos.
Para muchos de los grandes promotores de la ciudad nosotros somos un despacho especializado en realizar proyectos de oficinas. Y no es verdad. Y no lo es porque nosotros somos más un estudio que un despacho (aunque sólo sea por el hecho de que nunca despachamos los temas, sino que los estudiamos en profundidad, intentando dar la vuela a los problemas y huir de lugares comunes). Al margen de que no somos, ni nos consideramos, especialistas en nada. Pero es así, con y desde esa fama, que hemos realizado la reforma integral de sendos edificios que hoy albergan las sedes de dos Conselleries de la Generalitat (el Gobierno autónomo de Cataluña), la sede de Prosegur y la de Inmobiliaria Colonial, muchos edificios para alquilar en los que, sin saber el destinatario final, la flexibilidad era la Biblia a seguir y, ya últimamente, las sedes de la Mutua Madrileña, tanto en Barcelona como en Madrid.
En todos ellos se aprecia la necesidad de dialogar con la historia, un diálogo que debe de ser de tú a tú, pero desde el más profundo de los respetos. Siempre con la única regla de dejar las cosas un poco mejor que como las encontramos. Y la de intentar dar sentido a las cosas, más allá de la contingencia primera. Que lo urgente nunca pase por delante de lo importante. En algunos casos la preexistencia es tan potente como tener que insertar un patio gótico en un antiguo almacén de una conocida marca de neumáticos, una vez el proyecto estaba a punto de empezarse, lo que obligará a plantear todo el conjunto entorno a él, mientras, en otros casos, el quid de la cuestión es entender la ciudad como trama y ver como se inserta nuestra pieza. Así, escamotear a la vista las dos plantas ático del antiguo almacén de “Muebles Tarragona” será lo más importante, al tiempo que abrimos el chaflán a la ciudad, como si hubiésemos cortado la manzana de Cerdà con un cuchillo gigante (sólo haciendo edificios más transparentes ayudaremos los arquitectos a crear una sociedad más transparente).
Pero en otros casos, como en la reforma del edificio situado en Diagonal 409, esta situación ya ni se dará porque, al no poder incidir en las fachadas, todo el trabajo se centró en su interior y en la creación de ese patio que acabará por articularlo todo (cambiar m2 de superficies mal distribuida, por m3. de luz… “Si la música es aire que suena, la arquitectura es el aire en que vivimos”, es siempre una buena opción. Por más que no todos los clientes son tan receptivos como para entenderlo y de ahí el mérito de todo cliente inteligente en hacer que el proyecto llegue a buen puerto. En el caso de la sede de Inmobiliaria Colonial de casi 19.600 m2 lo más importante es lo que no se ve, el modo en el que hubo que transformar las plantas del antiguo centro de cálculo en las cinco plantas de aparcamiento subterráneo, sin que el edificio de al lado, que no tenía sótanos, se nos viniese encima. Y, sobre todo, ordenar, clarificar… Porque, a veces, es mejor jugar sin balón que emborracharse de pelota, borrar antes que añadir, quitarle al enfermo todas las pastillas que darle nueva medicación (Ruskin aconsejaba a los arquitectos que, si pudiesen, evitasen construir).
La sede de Mutua Madrileña en la Castellana es capítulo aparte porque, tras realizar la de reforma integral del edificio que hoy alberga su sede en Barcelona, junto a la plaza de Cataluña, se nos invitó a reformar la planta baja destinada a los servicios de atención al público de su sede central. La metáfora de hacer llegar el Mediterráneo a la Castellana, con esas olas que se encrespan y el diseño de todo el mobiliario especifico, incluso la construcción de esa pasarela que une los dos edificios, centralizando accesos, es, quizás, uno de nuestros proyectos mas logrados. Porque, al margen de la componente formal, como arquitectos, estamos obligados e resolver problemas y, en este caso, se resuelven. Si bien, cuando no se conoce el usuario final, la flexibilidad es básica, cuando el destinatario es una compañía concreta, saber entender su espíritu y reflejarlo acabará por ser de capital importancia. Así el mobiliario de recepción de Mutua con la reinterpretación de las MM como símbolo, el de Prosegur, reproduciendo en acero los arcos góticos del patio o el proyectado para ABI, en la Torre Maphre sólo podría haber sido diseñado para la ocasión.
No mostramos aquí ni las reformas integrales de los edificios de Vergara 3, ni la de Girona 67, ambos en Barcelona, realizadas en colaboración con un antiguo asociado, antes de la creación en 1991 de “Octavio Mestre y Asociados”, ni el concurso de 30.000 m2, finalmente no fallado para la sede de CIRSA en Terrassa, en el que un suelo de alabastro traslúcido se levantaba para conformar un edificio que era como una topografía, un telón de fondo del edificio presidencial, así como otros tantos proyectos que merecería la pena enseñarse: la sede de Astratech en L´Hospitalet, en la que se inundaba de agua la planta para llegar a los distintos cubículos -salas de reunión y despachos- a través de unas pasarelas, entre un bosque de alerces (metáfora de su condición nórdica). Como tampoco se muestran los últimos concursos perdidos, el último año, de varios edificios: el de 15 plantas en Cornellà, el de 6.000 m2 a cuatro vientos, a las afueras de Girona, en el que las plantas se superponían con total libertad generando unas formas mórbidas, ni el de casi una manzana entera en el 22 @ de Barcelona, un concurso en el que fuimos finalistas, mano a mano, y en el que la pelota, como en la película Match Point, acabó cayendo del otro lado para, al final, no hacerse la obra. Pero para eso están los concursos, para experimentar. Y, quizás por ello, hemos perdido más de uno. Ni mostramos el último gran encargo, la reforma de un edifico patrimonio de la UNESCO que estamos ultimando para albergar la sede de una importante Fundación que nuestro cliente prefiere de momento, mantener en el anonimato.
Presentamos, también, eso sí, las reformas integrales de los centros comerciales “L´Illa Diagonal” y el “Pedralbes Centre”, obtenidas tras ganar los respectivos concursos y en los que se ha pretendido construir una metáfora de qué es una isla (illa en catalán tiene dos sentidos: isla y manzana edificada), o en el caso del “Pedralbes Centre” redefinir un centro que se mostraba anticuado a base de juegos de luz y reflejos, así como de forrar de negro todos los paños de pared, para resaltar más si cabe, lo que realmente importa en un centro comercial y es la propia actividad del centro. Enseñamos nuestra primera tienda, el primer “Virgin Megastore” que hubo en España y nuestro último trabajo: el concurso para definir la imagen afranquiciada de la marca de ropa interior “Punto Blanco” de la que ya llevamos hechas más de 15 tiendas por toda España. Un restaurante con aires de cantina, la reforma de un albergue juvenil en Coma-Ruga, retomado tras diez años de parón (tras los que pedimos que no nos obligaran a retomar el viejo proyecto) y la nueva Clínica de Aresa, todavía en obras y único proyecto no finalizado que enseñamos, completan la monografía.
Esta monografía presenta 40 obras construidas de las más de 130 realizadas hasta ahora, menos de una tercera parte del medio millar de proyectos realizados desde que acabé los estudios, hace casi 25 años. Y, a pesar de que algunos proyectos no realizados son más brillantes y germen, seguramente, de otras obras que aquí se explican, no se muestran por el peso específico que tiene lo construido frente a cuanto se quedó en papel. Porque uno cuelga pósters, mientras no puede comprar obra gráfica, y obra gráfica cuando no puede procurarse pintura original (bacía, yelmo, halo, ese es el orden, Sancho). Pasa en la vida y pasa en el trabajo. Lo importante repasando la obra “nel mezzo dil camino de la vita”, que diría Dante, uno ve una cierta unidad de conjunto y material para haber sacado, por lo menos otros libros con otros tantos proyectos que no desmerecerían de los proyectos aquí mostrados. Como los equipos de fútbol que tienen que tener dos plantillas de igual nivel si quieren asegurarse hacer un buen papel en las varias competiciones.
Por otra lado, siempre hemos procurado no sólo que el proyecto no perdiera frescura a la hora de su tramitación urbanística (cómo nos lo complicamos entre todos con tanta normativa inútil), como durante el proceso de su ejecución (cuántos proyectos que, sobre el papel parecen brillantes, fracasan cuando los ves construidos) sino que, por el contrario, ganasen en materialidad. Lo importante no es dibujar bien (el valor al soldado se le supone), sino construir buenos edificios. Edificios emocionantes que no es sino eso lo que esta monografía quiere hoy compartir con vosotros.